En una boda, mi estilo es discreto y cómplice. Me gusta "robar" esos momentos íntimos de conexión genuina entre las personas. Por eso, trabajo desde la cercanía: hablo con los invitados, gano su confianza y logro que la cámara se olvide, para que los rostros y las emociones fluyan con total naturalidad. También disfruto y manejo con soltura las fotos dirigidas —tanto de la pareja como de los invitados— y sé jugar con distintos registros: la formalidad, la sonrisa espontánea, el movimiento, la complicidad. Todo depende de lo que cada pareja quiera reflejar. Y para completar el relato visual, me encargo también de los espacios: los detalles de la decoración, los anillos, el servicio, la luz del lugar… todo aquello que contribuye a contar la atmósfera única de ese día.